sien

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sien

(ˈsiːən)
n
obsolete a scion; descendant
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Me puse las manos sobre el rostro y me sobe las sienes, tratando de entender la situacion.
Y la nueva estrella: Lujambio, se pone a la cabeza de los aspirantes de un PAN que se hunde el Calderon de la foto de Jose Carlos Gomez (La Jornada: 27/XI/09), con rictus-gesto de tremendo dolor de cabeza, oprimiendose las sienes y su rostro reflejando la derrota generada por las criticas empresariales, abucheos, rechiflas y descalificaciones, como las de Stiglitz, la CEPAL y el fracaso contra las delincuencias que han ensangrentado al pais con mas de 17 mil homicidios, mas de mil feminicidios y la inseguridad que angustia a la poblacion civil entre la cual estan los periodistas, agredidos y asesinados, sin ni siquiera la retorica de reprobacion a esta embestida.
La fragorosa batalla del si y del no parece amainar, escampa el griterio que le punza en las sienes.
Los neurologos han localizado en las sienes de la corteza cerebral lo que alguien llama la parte de Dios (www.
Cincuenton, con canas en las sienes, usa el cabello castano medio relamido hacia atras.
El tiempo corria rapidamente, el sudor le banaba las sienes.
trasladados a las sienes, me miro de perfil, mientras espero la
Las manchas aparecen frecuentemente en la frente, sienes, mejillas, labio superior, nariz y pueden tener un patron simetrico (en los dos lados de la cara).
con los ojos vendados,/ atadas las manos, / baleados entre las sienes.
Atravese llorando todo Oviedo y pase frente a la Catedral con la boca abierta, un latido en las sienes, las unas clavadas en la palma de la mano .
Y en la pagina citada Tito celebra --y agradece a Mario Muchnik y a Aurora Bernardez, los traductores-- que, en la edicion espanola del libro de Calvino, reaparezcan los llamados "versos del capitan", celebrando sus batallas, el combate de Orlando contra el monstruo marino, las acechanzas del gigante, las virtudes esteticas del hipogrifo, el espectaculo del suplicio de Angelica atada a la rispida roca, el de los ariscos arrecifes, "los sarracenos [que] asaltan el muro como las moscas del verano asaltan las mesas bien puestas", y el de los ejercitos de encantadores y encantadoras que habian llegado hasta las sienes febriles de Don Quijote.